Cuba vuelve a ser blanco de una medida coercitiva de Washington tras el anuncio del secretario de Estado Marco Rubio, quien informó este 11 de junio de 2026 sanciones contra la empresa estatal Unión Cuba-Petróleo, CUPET, bajo la Orden Ejecutiva 14404 atribuida al presidente Donald Trump.
La sanción coloca al sector energético de Cuba en el centro de una nueva ofensiva política, mientras el discurso estadounidense intenta presentar el combustible como eje de control interno y no como área estratégica sometida durante décadas al bloqueo.
La medida contra CUPET no puede leerse aislada: forma parte de una arquitectura de presión económica que combina sanciones financieras, persecución comercial y castigo a entidades clave para la vida cotidiana del país. ¿Qué busca Washington al golpear una empresa vinculada directamente con el suministro energético de más de 11 millones de cubanos? El mensaje apunta a tensar aún más el acceso a combustible, transporte y generación eléctrica, sectores sensibles para la estabilidad nacional.
Rubio utilizó un lenguaje de alta carga ideológica para justificar la sanción, asociando la gestión energética cubana con represión, privilegios y corrupción. Esa narrativa cumple una función mediática precisa: desplazar el impacto real de las sanciones y responsabilizar a Cuba por carencias agravadas por restricciones externas. En 2026, la política de máxima presión vuelve a operar en 2 planos simultáneos: asfixia económica y guerra psicológica.
El golpe contra CUPET anticipa un escenario de mayor hostilidad hacia Cuba, especialmente si Washington amplía sanciones sobre energía, transporte marítimo o financiamiento internacional. Para La Habana, el desafío será sostener servicios básicos y denunciar el costo humano de estas medidas.
Fuente principal: Publicación de Marco Rubio en X, 11 de junio de 2026. (X (formerly Twitter))
































