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Gibara impulsa cine pobre cubano

Gibara impulsa cine pobre cubano

Vigésima edición

El Festival Internacional de Cine Pobre de Gibara, en Cuba, celebra su vigésima edición con la presentación de “Neurótica Anónima”, obra de Arturo Sotto Ibarra y Jorge Perugorría. La selección tiene un valor artístico y simbólico. Además de abrir espacio a una propuesta audiovisual cubana, funciona como homenaje a Perugorría, figura clave del cine nacional y presidente del certamen durante varios años.

Cultura bajo presión

El festival llega en un contexto difícil para la cultura cubana. El bloqueo estadounidense, las sanciones financieras y las restricciones logísticas encarecen producciones, viajes, equipos, programación y circulación internacional. Por tanto, sostener un evento cinematográfico fuera de La Habana tiene un peso mayor. Gibara no solo celebra cine; defiende un espacio de creación en medio de una economía presionada.

Perugorría y la memoria

La elección de “Neurótica Anónima” conecta la edición con la memoria institucional del festival. Perugorría no fue solo un invitado o realizador. También contribuyó a sostener la proyección del certamen como plataforma alternativa, descentralizada y popular. En ese sentido, el homenaje refuerza la continuidad de un proyecto cultural que nació para defender otra forma de hacer cine, con pocos recursos y mucha identidad.

El arte como resistencia

La vigésima edición confirma que Gibara mantiene valor dentro del mapa cultural cubano. Aunque el país enfrenta carencias materiales y presión externa, el festival preserva un espacio para narrativas propias, cine independiente y diálogo comunitario. En medio del cerco económico, cada pantalla encendida en Gibara funciona como acto de resistencia cultural frente a una política que también busca apagar símbolos, públicos y espacios de creación.

Fuente principal: Festival Internacional de Cine Pobre de Gibara.