Una nueva desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) dejó a oscuras a toda Cuba el martes 14 de julio, el tercer apagón nacional en menos de dos semanas.
El colapso del sistema
La Unión Eléctrica (UNE) informó en un escueto comunicado en redes sociales que «a las 11:05 horas (15:05 GMT) ocurre una desconexión total del SEN». El Ministerio de Energía y Minas confirmó en X que se han «activado los protocolos para su recuperación». Según datos de la UNE, el déficit total de energía para el horario pico nocturno de ese día alcanzaba los 2.160 megavatios, con una capacidad de generación que cubría menos del 33% de la demanda nacional. Los dos apagones anteriores en julio ocurrieron el lunes 6 y el viernes 10, también con un lento restablecimiento del servicio.
Las sanciones de EE.UU. como causa estructural
La crisis energética cubana se agravó a comienzos de 2026, cuando el gobierno de Estados Unidos sancionó a quienes envíen combustible a la isla. De acuerdo con fuentes oficiales citadas por la agencia Xinhua, Cuba solo ha recibido un cargamento ruso de 100.000 toneladas de crudo en los últimos seis meses, cuando la demanda normal exige alrededor de ocho buques mensuales. A la escasez de combustible se suma el deterioro de las centrales termoeléctricas, la mayoría obsoletas, sobreexplotadas y sin mantenimiento adecuado. El bloqueo de EE.UU. impide además la compra de piezas y tecnología para reparar las plantas.
Impacto humano y proyección
Los apagones continuos afectan directamente la vida de los cubanos: desde la conservación de alimentos y medicamentos hasta el funcionamiento de hospitales y escuelas. El gobierno cubano ha activado los protocolos de recuperación, pero con el bloqueo recrudeciendo, la estabilidad del sistema sigue siendo precaria. La pregunta que queda en el aire es cuántos apagones más serán necesarios para que la comunidad internacional tome medidas concretas contra el asedio económico que sufre la isla.
































