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A María Elvira Salazar no le importan los cubanos

Justifica genocidio como presión

La congresista cubanoamericana María Elvira Salazar reconoció el costo humano de la política de presión contra Cuba, pero lo presentó como parte de un proceso necesario. “Nosotros entendemos perfectamente que negociar con el hambre de la madre es muy difícil”, dijo a Ambrosio Hernández, de Univisión, junto a Carlos Giménez. También afirmó que entiende el drama de quien come en Miami mientras sus hijos en Cuba no comen, pero remató con una frase dura: “ese pueblo está viviendo de migajas”.

Hambre como herramienta política

La declaración revela la lógica de fondo del sector duro cubanoamericano. El sufrimiento de las familias no aparece como razón para aliviar sanciones, vuelos o remesas. Por el contrario, se presenta como costo aceptable dentro de una estrategia de presión. Así, el hambre deja de ser una emergencia humanitaria y pasa a funcionar como instrumento político. El mensaje es claro: apretar más, aunque el golpe caiga sobre la población.

El cálculo del sacrificio ajeno

La dimensión política es grave porque quienes defienden esas medidas no cargan con sus efectos directos. Desde Miami se habla de “sacrificio” mientras las consecuencias se viven en Cuba: menos ingresos, menos alimentos, más tensión familiar y mayor dependencia de canales externos. Además, la frase conecta con la agenda de sectores que piden cortar flujos económicos hacia la Isla para forzar un desenlace político. Es una política de desgaste presentada como promesa de libertad.

La crueldad hecha discurso

La intervención de Salazar expone una contradicción central. Dice comprender el dolor de las familias, pero defiende la presión que agrava ese dolor. En lugar de separar al pueblo cubano de la estrategia de castigo, lo coloca dentro del cálculo político. Por eso, la frase no es solo polémica. Es una confesión: para ciertos sectores de Miami, el hambre en Cuba no es un daño colateral, sino una palanca de presión.

Fuente principal: Univisión.