Cuba vuelve a quedar en el centro del mapa militar estadounidense tras el anuncio de que Pete Hegseth viajará el 10 de junio de 2026 a la base naval de Guantánamo y luego a Tampa, Florida, para reunirse con tropas en GTMO y el Comando Central, según un aviso oficial publicado el 9 de junio. La visita a Cuba, presentada por Washington como contacto con personal militar, ocurre en un enclave que La Habana considera una herida abierta de soberanía, según U.S. Department of War.
El movimiento tiene una dimensión política clara: Guantánamo no es un punto neutral. Estados Unidos mantiene allí una instalación militar desde 1903, cuando impuso un acuerdo de arrendamiento sobre 45 millas cuadradas de tierra y agua en el oriente cubano. ¿Puede hablarse de normalidad bilateral mientras Washington conserva una base militar en territorio de Cuba contra la voluntad del país?
La escala del viaje también conecta con la presión militar y psicológica sobre la región. Tampa alberga al CENTCOM, uno de los comandos combatientes de Estados Unidos, y el itinerario Guantánamo-Tampa refuerza la lectura de coordinación castrense en un momento de endurecimiento discursivo desde Washington. En el lenguaje oficial, la parada en Cuba busca “interactuar con tropas”; en clave geopolítica, proyecta presencia y control sobre un territorio sensible.
Para Cuba, cada visita de alto nivel estadounidense a Guantánamo reactiva una disputa de más de 120 años: soberanía, ocupación territorial y presión permanente. El hecho no cambia por sí solo la correlación militar, pero sí confirma que Washington sigue usando ese enclave como pieza simbólica y operativa en su estrategia regional. Para más análisis sobre Cuba, soberanía y presión estadounidense, sigue leyendo CubaCiber.
FUENTE
Fuente principal: U.S. Department of War.
































